Instituto Mexicano de Tecnología del Agua
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Enciclopedia del agua

 

 

Los manantiales, la fuente de agua más pura del planeta


¿Qué son los manantiales?

En términos generales, puede decirse que son nacimientos o brotes naturales de aguas subterráneas. Más precisamente, se trata de puntos o zonas de un terreno en los que una cantidad apreciable de agua fluye a la superficie de modo natural, procedente de un acuífero o depósito subterráneo. O sea que son vertedores o desagües por los que emerge la recarga recibida por el acuífero que se encuentra bajo ellos.

Figura 1. Manantial de Chapultepec, en Patzcuaro, Michoacán, México.

Cuando el flujo natural de aguas subterráneas o provenientes de partes más profundas del interior del planeta (aguas fósiles) aparece en la superficie de los continentes, se forman los manantiales; pero cuando ese flujo hídrico llega a cursos de agua se une a ellos. También puede formar lagunas o lagos.

Su origen puede ser atmosférico (caso del agua de lluvia que se filtra en la tierra y surge en otro lugar de menor altitud) o ígneo (por lo cual nacen manantiales de agua caliente y géiseres).

Los manantiales se pueden clasificar de acuerdo con varios criterios:

Según el tipo de surgimiento de las aguas: a) rocosos, o sea los que brotan entre rocas basales; b) de vertedero o "vertientes", cuando el lugar de la salida original de las aguas queda obturado por rocas de desprendimiento que la obligan a brotar en la superficie por un conducto situado generalmente en la parte inferior de la ladera.

Por otra parte, según la dirección del curso que las aguas subterráneas siguen antes de su salida al exterior, se dividen en a) descendentes o de derrame, cuando los valles están situados bajo el nivel de las aguas subterráneas, y b) ascendentes, cuando las aguas manan por presión hidrostática.

 

          

Figura 2. Distintas clases de manantiales, según el tipo de su surgimiento.

Además, según su formación se dividen en a) manantiales de estratos, los cuales se forman entre capas impermeables; b) de desborde, cuando se localizan en el borde de capas impermeables, formando una hondonada de la cual surgen las aguas, y c) de turbación o de falla, que es cuando las aguas se acumulan y ascienden por fallas o fracturas en que coinciden capas permeables con capas impermeables.

Por último, de acuerdo con la periodicidad de salida de sus aguas se diferencian en a) manantiales perennes, pues su flujo es continuo, o b) episódicos, periódicos o intermitentes, si es que fluyen normalmente en tiempos cortos, de manera más o menos regular, como lo hacen por ejemplo los géiseres.

Ahora bien, en el año 2001 el señor Julián Orbanejo informó por la Internet que la oceanógrafa Débora Kelley, de la Universidad de Washington, había descubierto una nueva clase de manantiales de origen no volcánico, producto de un reacción química entre las aguas del Atlántico que bañan los mantos rocosos de un punto llamado "Ciudad perdida". En la reacción se forman gases como metano e hidrógeno, y se genera calor que contribuye a la formación de los manantiales. Además de que el material que se produce en ellos es de carbonita de color claro, común en las cavernas, los géiseres que emiten pueden alcanzar alturas de más de 50 metros, siendo que los hasta ahora conocidos alcanzan nada más entre los 18 y los 24 metros. Según el informante, la importancia de este descubrimiento alcanzará no solo a los oceanógrafos y a los geólogos, sino a los biólogos y a los microbiólogos.

¿Qué característica común tienen todas esas variedades de manantiales?

Son las fuentes de agua natural de mejor calidad. Esto se debe al hecho de que el recurso, antes de surgir a la superficie terrestre, ha viajado por kilómetros de rocas, sedimentos y suelos que sirven como filtros naturales para remover de él todo tipo de contaminantes y, en muchos casos, lo han enriquecido con preciosos minerales y sustancias que los seres humanos necesitan.

Figura 3. El manantial Chapultepec, con trabajos de protección, luego de haber sido restaurado.

Un poco de historia

Es probable que todos los pueblos tengan historias tendientes a rendir homenaje a los manantiales, o a declararlos prodigios básicos de su cultura. Así, y además de sus particularidades locales, los países de Europa y América, a la vez que algunos asiáticos, tienen por patrimonio común en tal sentido el pasaje bíblico por el que el patriarca Moisés salva de la sed a su pueblo sacando agua de las piedras, cuando lo conducía a la Tierra Prometida a través del desierto de Sin, habiendo pedido antes al faraón egipcio su anuencia para abandonar su país, que durante un largo tiempo había ofrecido a los israelitas seguridad y sustento.

En México existen leyendas que continúan el tema bíblico antes recordado. Quizás la más conocida sea la de que en la ciudad de Pátzcuaro, para afrontar una sequía extrema, el benefactor Vasco de Quiroga obtuvo agua al clavar su cayado en la tierra. Este relato se ve a la vez nutrido y contrarrestado por otro del mismo lugar, pero de origen prehispánico, "El manantial del colibrí", en el que el Padre Sol permite a la princesa Hapunda observar a un pajarillo que entra seco a un matorral y sale mojado de él, con lo cual la joven descubre el ojo de agua antes oculto.

Ya en tiempos de la Historia moderna, cabe señalar que la primer área natural protegida en México fue la zona boscosa conocida como el Desierto de los Leones, decretada así en 1876 por la importancia de sus manantiales en el abastecimiento de agua a la Ciudad de México.

Los trabajos del IMTA

Dentro del Programa de Recuperación de la Cuenca del Lago de Pátzcuaro (2003-2007), el IMTA abordó la problemática de los manantiales de la mencionada cuenca, en la que hay 40 de esos cuerpos de agua debido a que se halla en el Corredor Tarasco, una de las zonas de más alta densidad de aparatos volcánicos por km2 del país. Muchos de esos manantiales necesitaban mantenimiento, pues se habían convertido en tiraderos de basura y estaban azolvados e invadidos de malezas acuáticas.

El más importante de los manantiales de la cuenca es el llamado "Chapultepec", mismo que con otro denominado "La alberca" forma el "Dren Tzurumútaro", el cual desemboca en el lago después de siete kilómetros de recorrido. Los 25 manantiales ubicados en los cuatro municipios ribereños del lgo de Pátzcuaro aportan un gasto de unos 600 litros por segundo. De este importante efluente, una parte ingresa al lago y otras son aprovechadas para fines de ganadería, agua potable, recreo y uso agrícola.

Los trabajos emprendidos para la restauración y mejor aprovechamiento de estos manantiales abarcan limpieza de maleza acuática, construcción de obra de protección marginal, cercado, desazolve, adecuación de obras de conducción de escurrimientos pluviales, reforestación, construcción de almacenamientos, así como obras de toma y conducción. Los análisis de calidad del agua realizados en los manantiales rehabilitados muestran que casi todos son aptos para consumo humano, previo tratamiento de desinfección.

Bibliografía y referencias

Éxodo, 17: 1-7.

Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)-Fundación Gonzalo Río Arronte, I.A.P., Descubre una cuenca: el Lago de Pátzcuaro, México, 2004.

www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/superficie/hidrosfera/
continenta/subterra/manan/index.html

www.lareserva.com/noticiasn/cienciatec/2001-8-manantiales.html

Recopilación: Andrés González Pagés.
Colaboración: IMTA: Subcoordinación de Hidráulica Ambiental de la Coordinación de Hidráulica.

 

   
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